Crece en Ixtlán del Río, Ahuacatlán y Jala la secta de Los Testigos de Jehová

 

 

Pese a la aparente fortaleza de la iglesia católica en Ixtlán del Río, Ahuacatlán y Jala, la secta norteamericana de Los Testigos de Jehová se abre paso y crece en número de adeptos por el trabajo sistemático y paciente de los integrantes de ese grupo, el respeto a la libertad religiosa que garantiza el Estado mexicano y otros factores.
Católicos decepcionados por los constantes escándalos sexuales de curas, obispos y cardenales, por las denuncias de víctimas de sacerdotes pederastas y por el voraz enriquecimiento de sus guías espirituales que se dejan seducir por los bienes materiales, acuden a las sectas tratando de encontrar el camino hacia dios. Uno de los grupos sectarios más beneficiados con los escándalos de sacerdotes católicos es el de Los Testigos de Jehová, que antes casi era inexistente en nuestra región y ahora ya cuenta con cientos de fieles seguidores.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza plenamente la libertad religiosa y, por ello, cada quien es libre de profesar la creencia que quiera, siempre y cuando no dañe a otras personas ni a las instituciones civiles del país, lo que no ocurre con Los Testigos de Jehová, que prohíbe a los niños y jóvenes cantar el Himno Nacional, saludar a la bandera, hacer el servicio militar a los 18 años, y votar en las elecciones, todo esto porque, según ellos, el único gobierno que reconocen es el del reino de Jehová, no a los gobiernos e instituciones civiles en la tierra.
La secta de Los Testigos de Jehová crece entre las personas más pobres e ignorantes porque son más fáciles de manipular; de hecho, está mal visto que los jóvenes vayan a la escuela y la universidad, porque en estas instituciones se enseñan las ciencias y se ataca el fanatismo de todo tipo. Los Testigos, dicen, no deben perder tiempo estudiando otra cosa que no sea su propia versión de la Biblia y deben dedicarse a predicar en sus tiempos libres, para que crezca su secta, que está organizada en congregaciones para controlar más y mejor a sus miembros, a los cuales les quitan muchas libertades.
Finalmente, hay que reiterar que todo fanatismo es perjudicial porque no reconoce las libertades de los demás ni admite las verdades científicas.

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