Emigración no se ha detenido en Jala

Jala, Nay.- Los ojos llorosos de Norma lo dicen todo; y para ocultar su tristeza agacha la cabeza. Toma un poco de aire y narra su pena: “Mi esposo allá Santa Ana. Se fue hace ocho años y nada más ha venido una sola vez”, comenta con evidentes síntomas de aflicción.
Norma, quien es hija de un campesino de Jala fallecido hace ya alrededor de nueve años, es una víctima más de la desintegración familiar. Héctor, su esposo, agobiado por las deudas y ante la falta de un ingreso seguro, optó por marcharse hacia los Estados Unidos y buscar un empleo para de ahí obtener los recursos que enviaría a su familia.
A Héctor le tocó suerte, toda vez que logró acomodarse en una fábrica donde percibe un buen salario, ¡pero se olvidó de Norma y de sus tres hijos!… La última vez que vino a Jala fue en el 2011, en Navidad, refiere esta abnegada mujer de tez morena y ojos grandes y negros.
Miguel ahora vive bien, al estilo gringo, pero a cambio provocó la desintegración de su familia Dicen que se juntó con una Salvadoreña. Yo no sé, la verdad. De todos modos lo voy a seguir esperando, aunque ahora con lo de Trump lo veo todavía más difícil, comenta compungida.
Y bueno, lo anterior confirma lo que se establece en el INEGI en el sentido de que Jala es uno de los municipios con mayores índices de emigración.
Esto a su vez, tiene su origen en el desempleo, en la falta de incentivos para desarrollarse.
Al igual que como ocurrió con Norma y con Héctor, muchas familias se han visto obligadas a dejar su lugar de origen para ir en busca de otras alternativas que les permita sostenerse. Pero en realidad la emigración ha ido disminuyendo, esto es debido a los altos costos por el pago del coyote, algunos de los cuales cobran hasta 12 mil dólares.
Como es normal en estos casos, al partir, algunos hombres, después de un tiempo, claro, regresan por sus familias, por su esposa, por sus hijos; sin embargo, la emigración ocasiona a su vez la desintegración familiar, con consecuencias graves, puesto que de ahí deriva la incertidumbre y la estabilidad emocional de la familia
Lo malo es que yo sola no puedo con los gastos de mis hijos. ¿Usted cree?, ¡tengo tres! Ojalá y que mi esposo fuera como el de Guille, mi vecina. En cuanto pudo se la llevó, ¡pero ya ve como son los hombres!, recalca con un dejo de resignación.
A estos agravantes habría que agregarle la pobreza, la injusticia, el abandono y la soledad, como otras de las causas que originan la emigración en Jala. De ahí viene la desintegración familiar, la cual, se insiste, cada vez se acentúa más y más en este municipio.

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