Freno al crecimiento de Bahía de Banderas

El impresionante crecimiento turístico y económico de la zona de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas ya se está viendo afectado seriamente por la escasez de mano de obra barata.

En efecto, en decenas de negocios (desde Oxxos hasta grandes hoteles), pueden verse carteles y lonas con letreros solicitando personal, y muchos comercios recortan sus servicios y horarios debido a que no tienen trabajadores. Hay casos como el de Cinépolis de plaza Las Palmas en San Vicente, que tardan meses en abrir porque no completaba su plantilla laboral.

Por otra parte, antes, en Bahia de Banderas los empresarios realizaban sus mal llamadas “ferias del empleo” en las semanas previas a las temporadas altas, para contratar trabajadores por pocos meses, sin mayores problemas, pero hoy, esas “ferias” las realizan casi de manera permanente, con equipos de sonido que andan perifoneando en las calles de todos los poblados y fraccionamientos las ofertas de empleo, y poniendo carpas en las plazas públicas y centros comerciales donde se ofrece “contratación inmediata” con todas las prestaciones de ley.

Se dan casos de empresas que han ido a otros estados a traer trabajadores porque aquí no encuentran los que necesitan, pero que luego se les regresan porque en esta región no se les dan los servicios y las condiciones necesarias para trabajar y vivir con dignidad, pues los salarios son bajos y todo lo demás es muy caro: la comida, el transporte, las rentas, la luz, las medicinas…

Y a todo lo anterior hay que agregar la grave escasez de escuelas de todos los niveles, centros de salud, viviendas, vialidades y lugares públicos de esparcimiento y convivencia familiar.

Vista así la situación, de manera superficial y rápida, sin los números del INEGI, del CONEVAL, de SEDESOL y demás dependencias oficiales, uno se pregunta cómo es posible que se anuncie la llegada de más inversiones a la zona de Punta de Mita para crear 20 mil empleos directos y 30 mil indirectos (todos mal pagados) si no se han creado las condiciones mínimas que permitan la vida digna de esas miles de familias.
Estamos hablando de que se necesitarán decenas o tal vez cientos de escuelas nuevas, miles de casas nuevas con todos los servicios de agua potable, electricidad, drenaje, recolección de basura, vialidades, transporte, centros de salud, hospitales, seguridad pública y protección civil, entre otros.

Los empresarios necesitan a los trabajadores y sus familias pero no quieren pagar buenos salarios ni proporcionarles apoyos para vivienda, alimentación ni transporte, y a veces ni las prestaciones de ley. Los necesitan pero quieren que vivan lejos de sus hoteles, condominios, campos de golf, restaurantes y playas privatizadas, porque se ven feos por su pobreza, esa misma pobreza que ellos ocasionan porque les pagan sueldos miserables mientras ellos cobran miles de pesos (y dólares) a los turistas.
Por su parte, las autoridades no saben qué hacer ni están capacitadas para dar solución a las crecientes demandas de la población que hace posible el desarrollo turístico y económico, y se concentran en solucionar problemas muy pequeños y atender asuntos intrascendentes. Así vemos que, por ejemplo, se invierten millones de pesos en calles que no necesitan nuevo pavimento en lugar de abrir nuevas vialidades, que realmente mejoren el tráfico vehicular y permitan a las personas llegar más pronto a sus trabajos y escuelas; o se dedican a perder el tiempo en cursos y “capacitaciones” inútiles en lugar de atender a la población que acude a las oficinas públicas a demandar servicios…

Lamentablemente nuestros políticos de rancho actúan como decía aquel viejo priísta: no atienden los problemas viejos, y los problemas nuevos dejan que se hagan viejos. Lo malo es que parece que se nos está acabando el tiempo y pronto escaseará aún más la mano de obra barata, pues los programas y proyectos del presidente electo Andrés Manuel López Obrador apuntan al sureste mexicano, la región que históricamente nos ha proporcionado fuerza de trabajo mal pagada, esa que construyó a muy bajo costo Vidanta, Four Seasons, Palladium, Paradise Village, Marival, etcétera, y que a pesar de haber levantado palacios y hermosas avenidas y jardines, ha sido condenada a vivir en cuartuchos de Jarretaderas, Mezcales, Corral del Risco, Bucerías, San José del Valle y San Vicente, hacinados los trabajadores con sus familias.

Si se hacen realidad los proyectos que ya anunció AMLO (entre otros el tren del itsmo de Tehuantepec, las 300 carreteras de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, la plantación de árboles frutales y maderables en un millón de hectáreas de Chiapas y el tren turístico de la Riviera Maya, entre otros) ¿de dónde va a obtener Bahía de Banderas su mano de obra barata? Si ahorita ya es escasa, imaginemos lo que ocurrirá en los próximos seis años, en que mucha gente verá más atractivo quedarse a trabajar en sus lugares de origen que venir a sufrir malos tratos, mala paga e indiferencia o rechazo en tierras lejanas.

Los próximos años serán terribles para los empresarios de la Riviera Nayarit. Verán cómo aumenta el turismo y la demanda de hotelería y gastronomía, pero no tendrán trabajadores suficientes para atenderla. Querrán aprovechar el nuevo boom turístico y desearán construir más hoteles y centros comerciales, pero no hallarán quiénes se los construyan. A menos que paguen mejor y ofrezcan mejores condiciones de vida a los trabajadores.

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