España votó contra extremismos de izquierda y derecha

Madrid, España.– Cruda generalizada en los cuarteles políticos un día después de la cita electoral. Socialistas y soberanistas catalanes y vascos saboreando las mieles del triunfo contundente. Enfrente, sabor agridulce en los cuarteles de Ciudadanos y Vox -esperaban mucho más de lo conseguido- y decepción sin límites en el Partido Popular y en Unidas Podemos, los grandes derrotados del domingo. Ganó la moderación del PSOE y también los nacionalismos que se alejaron de predicamentos radicales.

La ciudadanía se volcó sobre las urnas para decir NO a opciones extremistas de izquierdas y derechas. La deriva a estribor del PP asustó a sus bases y simpatizantes, nada satisfechos con un discurso que pretendió suplantar al del neofascista Vox. Y también perdieron votos duros que optaron por darle su voto a los genuinos representantes de la ultraderecha hispana.

No fue una batalla entre liberales y conservadores, ni mucho menos. Fue una guerra entre dos visiones sobre el papel del Estado. Ni el PSOE es liberal ni las derechas españolas son conservadoras; son peor que eso. El tema es mucho más complejo que reducir las diferencias políticas a esa caduca visión de que si no eres liberal, eres conservador.

Ya está sobre el tapete si Pablo Casado, el fracasado candidato del derechista PP debe o no renunciar. Su padre político, José María Aznar, no ha abierto todavía su pequeña boca, esa que alegremente aceptó apoyar a sus colegas George Bush y Tony Blair en la sangrienta invasión a Irak. Por de pronto Casado se aferra a su silla como si fuera un clavo ardiendo del que depende su vida. Seguramente aguantará el mes que falta para las elecciones europeas, autonómicas y municipales. Su esperanza es que esa cita le proporcione el oxígeno suficiente para mantenerse al frente de un partido desvencijado.

Al acecho y listo para ocupar ese previsible vacío está Albert Rivera, el líder de Ciudadanos que ayer disimuló con no poco oficio su decepción ante los resultados electorales. El estaba persuadido que superarían al PP para así convertirse en la real alternativa opositora al PSOE. No lo logró por muy poco.

Sorprende, sobre todo en Europa, que Rivera esté empecinado en negarse a formar una alianza gobernable con los socialistas. Todavía anoche Pedro Sánchez, el hombre que quiso ser sepultado por Felipe González y asociados, le tendió su mano al líder de Ciudadanos mientras sus militantes y simpatizantes reunidos a las afueras de la sede partidista gritaban: “Con Rivera no, con Rivera no”. Pragmático y conocedor de tiempos y ritmos, Sánchez no hizo caso de la consigna porque tenía más que ganar que perder. El intransigente no es él, es Albert Rivera.

Surgidos hace cinco años de la Universidad Complutense al calor de la pavorosa crisis económica y social que golpeó a España, Podemos llegó a representar en aquellos difíciles días la esperanza de los jodidos, incluyendo por supuesto a una clase depauperada por el embate de una crisis que el entonces presidente español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se negó a reconocer hasta que el agua amenazó con ahogarlo. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Con un discurso fresco y combativo las y los jóvenes dirigentes de Podemos invadieron las calles de España y se propusieron “asaltar los cielos”. Y se lo creyeron, y con ellos miles que necesitaban creer que el cambio era posible. Cuatro años después, con todo y despiadadas cribas y mentadas de madre internas, esa marca morada perdió los calcetines y algo más el pasado domingo. La soberbia no es la mejor compañera de viaje.

Los otros ganones se llaman Vox, versión española de la barata “filosofía” trumpista. No hay modo de saber a estas alturas del partido qué tanto recorrido tendrá semejante engendro, pero a tenor de los vientos que soplan en este Continente, mejor tomárselo en serio porque van a ser mucho más que un pasajero dolor de cabeza.

 

Nota original: https://www.jornada.com.mx/ultimas/2019/04/29/espana-voto-contra-extremismos-de-izquierda-y-derecha-5128.html

Comentarios