Andrés Manuel López Obrador en el evento por el centenario luctuoso de Amado Nervo – Columna PALESTRA, por Gilberto Cervantes Rivera

Se pasa el Peraza, la gente no pudo saludar ni entregar sus peticiones el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador; el evento por el centenario luctuoso de Amado Nervo, llenísimo de guaruras, excesiva protección para quien desde la campaña prometió que prescindiría de tan molestos moscardones. Los diputados, contentos, nada menos un Presidente estuvo presidiendo una sesión solemne; pero afuera, la gente sin poder creer lo que estaba viviendo, esperaba un milagro que no se concretó.

Terminó la sesión y tal como entró, sigilosamente escapó por la puerta trasera, seguido de guardias pretorianas que no permitieron al pueblo, que lo saludara. Antes de partir a otras tierras, AMLO consume alimentos en el restaurante de mariscos El Marlín, acompañado siempre por Manuel Peraza Segovia, el Superdelegado inútil que aún no termina el censo de los programas sociales. Amado Nervo brilló con luz propia a finales del siglo 18 y casi 20 años del 19, alcanzó tanta fama que logró trascender las fronteras del mundo; sin embargo, en ninguna escuela conocen su obra, donde no saben cuántos libros hizo; el ser humano, como era. Pero en Nayarit, todos nos sentimos orgullosos de Nervo el poeta que nació en Tepic, cuando nuestra capital pertenecía al séptimo cantón del Estado de Jalisco. Así se llamaba su patria chica, Tepic, y lo que le duele a los tepiqueños es que Nervo su poeta famoso, no le haya dedicado ningún poema.

A su vuelta a México ya era un poeta que ocupaba fugazmente puestos docentes y burocráticos: ganó una plaza de profesor de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria, nivel equivalente al de bachillerato superior de otros países. Hacia 1905 ingresó en la carrera diplomática como secretario de la embajada de México en Madrid, donde trabó amistad con el director de la revista Ateneo, Mariano Miguel de Val, y escribió artículos para ésta y otros muchos periódicos y revistas españolas e hispanoamericanas. A más de cumplir decorosamente con su encargo diplomático, aumentó su bibliografía, entre otros libros, con el estudio sobre la poetisa Juana de Asbaje (1910); de poesía: En voz baja (1909), Serenidad (1915), Elevación (1917) y La amada inmóvil que fue póstumo; en prosa Ellos, (1912), Mis filosofías y Plenitud (1918). En 1914 la Revolución interrumpió el servicio diplomático y se impuso su cese, lo que le hizo acercarse otra vez a la pobreza; regresó al país en 1918 y volvió a ser reconocido como diplomático, por lo que poco después fue enviado como ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Llegó a Buenos Aires en marzo. Se dice que una situación fortuita impidió un encuentro en esta ciudad entre él y el compositor argentino Ernesto Drangosch (1882-1925), los cuales se apreciaban de antemano sin conocerse.

El hecho es que Drangosch musicalizó cuatro de los poemas de Nervo: En paz, Amemos, Ofertorio y Un signo. Nervo falleció de insuficiencia renal en Montevideo el 24 de mayo de 1919, a los 48 años; representaba a su país en el Congreso Panamericano del Niño, y se encontraba en compañía de su amigo Juan Zorrilla de San Martín, que lo asistió en sus últimos momentos.[6]​ Su cadáver fue conducido a México por la corbeta argentina ARA Uruguay, escoltada por barcos argentinos, cubanos, venezolanos y brasileños.[7]​ En México se le tributó un homenaje sin precedente.[7]​ Fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres (antes llamada Rotonda de los Hombres Ilustres), el 14 de noviembre de 1919.[8]​  Sus Novelas:  Pascual Aguilera (1892 y 1899) El bachiller (1895). El donador de almas (1899) El diablo desinteresado (1916). Sus poemas: Poesías completas (Madrid: Biblioteca Nueva, 1935); Perlas negras (1898); Místicas (1898); Poemas (publicada en París en 1901); La hermana agua (¿1901?); El éxodo y las flores del camino (1902), verso y prosa.; Lira heroica (1902); Las voces (1904); Los jardines interiores (1905); En voz baja (1909); Serenidad (1912); En Paz (1915), uno de sus poemas más conocidos; Elevación (1916); Plenitud (1918), prosa y verso; El estanque de los lotos (1919); El arquero divino (1920); La amada inmóvil (1920); Mañana del poeta (1938); La última luna (1943). Cuentos: Almas que pasan (1906); Ellos, prosa; Plenitud, prosa (1918); Cuentos misteriosos (1921); Los balcones, cuento y crónica. Ensayo: El éxodo y las flores del camino (1902), crónicas; Juana de Asbaje, ensayo, biografía de Sor Juana Inés de la Cruz (1910); Mis filosofías.

Época Azul fue la vivida junto con Rubén Darío, poeta nicaragüense; Amado Nervo encontró su camino espiritual en el servicio que ejerció como Rosacruz, aspecto desconocido en la azarosa vida del bardo que conquistó al pueblo mexicano por sus posturas patrióticas que desagradaban al dictador oaxaqueño. Amado Nervo, a cien años de su muerte: en Nayarit no hay bibliotecas que se adornen con su obra y aunque parezca risible, la población conoce mucho más la obra musical de José Alfredo Jiménez, el filósofo cantor…PALESTRAZO: dos magistrados nadan en la mierda, uno se salva de ser atrapado tras depositar quince millones de pesos; Marmolejo no afloja, calienta cemento desde ayer junto a un juez; y ya se mencionan cuatro notarios en peligro de ser arrimados; lo malo es que hoy si cuentan las llamadas a misa.

 

 

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