EL CUERPO DE CRISTO – Opinión del Dr. Héctor Fernández Amaya

Estoy en la iglesia recibiendo del padre, la ostia, el cuerpo de cristo, mientras  la disuelvo lentamente en mi boca, mantengo mis ojos cerrados, siento entonces como una paz interior, una tranquilidad que no había sentido antes, huelo el incienso ,siento como penetra en mi nariz y es captado por mi cerebro, escucho el replicar de las campanas, me siento tocado espiritualmente; relajado,descanso  en una de las largas bancas de la iglesia, pareciera que por un momento flotara  en el ambiente de las gladiolas frescas que se encuentran en el  fondo,en el atrio, a lo lejos, escucho el coro de jovencitos que cantan como si fueran angeles del cielo, me siento muy bien, quisiera que este momento fuese eterno, pero esto no es posible.

Me siento otro, no soy el mismo de todos los días, no me explico como por unos instantes  puede uno olvidarse  de lo que realmente  es, he olvidado que soy un hijo de la chingada, deshonesto, que exploto  mis trabajadores ,que les niego permiso cuando están enfermos, que no les pago horas extras y que los obliga a venir hasta los domingos y días festivos a trabajar, que tranzo a cuanta gente puedo, para allegarme mas dinero y vivir mejor; luego experimento un arrepentimiento fugaz, pero no puedo ser frágil, no puedo ceder, no quiero que se den cuenta que no tengo autoridad sobre la gente que me rodea, por eso, vengo frecuentemente  a la iglesia, cada semana, a tomar el cuerpo de cristo, el cual me hace olvidar por unos minutos, el mal ser humano que soy.

Estas visitas alivian mi culpa, mientras pueda, seguiré asistiendo a la iglesia a tomar el cuerpo de cristo, este remordimiento semanal, me hace sentir bien y me quita un cargo de consciencia.

 

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