I N C O N F O R M E

Soy una señora de setenta y dos años, casada con un rico industrial, tengo cinco hijos, ocho nietos, tres bisnietos, me encuentro en la recámara de mi casa, parada frente al espejo de mi cómoda, veo mi rostro, mi cara, la cual fue operada hace unos días, observo los pequeños moretones que me causó la cirugía, estoy tomando árnica homeopática, me la indicó el cirujano para poder reabsorberlos rápidamente, es la séptima vez que me opero ,la primera fue a los sesenta años, cuando inicié operándome para disimular las huellas de mi vejez, de mi antigüedad, la cual no he podido aceptar, por ello he recurrido cuantas veces he deseado con el cirujano plástico, quien por cierto me ha dicho que ya no es conveniente que me siga practicando mas cirugías.
La primera cirugía fue para subir los párpados caídos, la segunda para quitarme la papada, luego la nariz, los pómulos, las comisuras de mis labios ,la de mis patas de gallo, otra para estirarme la piel de mi cuello, y otras que no recuerdo; mi piel se ve actualmente restirada, me impide hablar y sonreír adecuadamente, estoy como acartonada de mi rostro, a mi el botox no me dio resultado, no me funcionó, por eso recurrí a las cirugías.

Lo que no ha podido hacer la cirugía por mi, es quitarme las manchas café oscuras de mis manos, me las han quitado una y otra vez con rayos láser, pero éstas aparecen de nuevo pasado un tiempo, como para recordarme que ya soy una anciana, y que esta condición no se puede ocultar nunca.

Mi esposo siempre ha estado de acuerdo con que que me haga este tipo de cirugías estéticas, le gusta que yo muestre un buen aspecto físico cuando vamos a sus múltiples reuniones sociales y de trabajo, él se ve menos acabado que yo, y casi es de mi misma edad.
Nunca he aceptado mi vejez ,mi envejecimiento, quisiera verme siempre joven, pero sé que eso es imposible.
No sé si un día logre aceptar el paso del tiempo sobre mi humanidad …

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