LAS CONSECUENCIAS DEL CAPITALISMO LATINOAMERICANO

Desde el 2008-2009 el capitalismo global entró en una crisis estructural que lejos de superarla, se agudizo con las medidas tomadas por los gobiernos de G20 de paralizar la economía como una medida para superar la pandemia del covid-19. A todas luces esta medida fue contraproducente porque sometió al capitalismo global a una agudización de su crisis. En el tiempo en que ya existía capital ocioso que buscaba la forma de valorizarse, los gobiernos del G20, en lugar de implementar medidas de valorización de ese capital ocioso, bien sea a través del financiamiento de obra de infraestructura sanitaria para combatir el covid-19, en los países asiáticos, europeos, americanos, etc., se tomaron medidas de paralización del movimiento de valorización del capital. Estas medidas necesariamente agudizarán la crisis que desde el 2009 se tenía. Por eso, se profundiza la crisis del capitalismo y aumenta la cuantía del capital ocioso que requiere valorizarse o capitalizarse.
Y es que los gobernantes no entienden las leyes del desarrollo del capitalismo, y no lo entienden porque están hechos bajo la economía política vulgar, la cual trata de apantallar incautos con una formulación matemática sofisticada. Sin embargo, la economía científica inicialmente desarrollada por Carlos Marx y Federico Engels, que fue producto de la crítica de la economía política actual, perfectamente nos plantea la lógica del desarrollo del capitalismo, incluso, del capitalismo global contemporáneo, de este capitalismo que Marx y Engels ya lo habían visualizado en El Manifiesto del Partido Comunista aparecido en Londres el 21 de febrero de 1848.
No es que no se quiera proteger a la población. Lo que sucede es que con las medidas propuestas no se protege. Se protegería si existieran centros hospitalarios donde los infectados con el covid-19 se hospitalizaran y recibieran atención médica y no se les mandara al encierro en su casa a esperar la evolución de la enfermedad. Con los contagiados hospitalizados la población no infectada puede circular e ir a trabajar. Como no se están construyendo los centros hospitalarios para todos los infectados, entonces es natural el contagio. Pero lo que más llama la atención, es que ni siquiera se ha planteado internar a los contagiados del covid-19, salvo en los casos críticos. Algunos capitalistas están demandando volver a reactivar la actividad económica. Sin embargo, en las actuales condiciones de indefensión del covid-19, la vida social llevará necesariamente a un contagio masivo.
Latinoamérica como región del capitalismo global, por sus mismas condiciones está en peores situaciones críticas. Para finales del 2020, la crisis por la pandemia del covid-19 dejará a 25 millones de personas sin trabajo en Latinoamérica y el Caribe. Esto lo manifestó el vicepresidente del Banco Mundial, BM, para la región, Carlos Felipe Jaramillo. La cifra puede ser mayor dependiendo de cómo evolucione la situación en los próximos cinco o seis meses, aseveró. Latinoamérica nunca había vivido una crisis de esta magnitud desde que hay registros. Ninguna otra había generado tal caída de la producción y tales datos tan preocupantes de desempleo. Y aún se está sin vacunas, Pero, ¿Hay vacuna para la pobreza, el hambre, la corrupción y la desigualdad social? ¿Se puede luchar contra el hambre de la mayoría de los latinoamericanos? ¿Son viables una vivienda digna y una educación pública de calidad? Estas son algunos de los cuestionamientos para reflexionar.
A los promotores del capitalismo les mueve la codicia. El beneficio económico. Detrás no hay causa humanitaria, interés por el bien común o preocupación social. Baste señalar que mil 600 millones de personas, es decir, 22 por ciento de la población mundial, no reciben atención médica, sin olvidar los 115 millones, menores de cinco años, afectados por desnutrición crónica. A lo cual debemos sumar los 700 niños muertos diariamente por diarrea. Esa es la realidad del capitalismo global y, más acentuadamente del capitalismo latinoamericano. Se requieren por lo menos Gobiernos con una mística humanitaria como la del Presidente André Manuel López Obrador. En fin.

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