Profeco analiza sopas instantáneas; de esto están hechas

 

El organismo explicó que contienen glutamato monosódico, el cual es muy común en los alimentos procesados, y que algunos estudios dictan que provoca malestar en los consumidores.

Derivado de la facilidad para almacenarlas y practicidad para prepararlas, muchas personas optan por consumir sobres o vasos de sopas instantáneas como Maruchan; sin embargo, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) aseguró que estos productos no nutren a quien los consume e informó de qué están hechas.

En la Revista del Consumidor de agosto, el organismo que dirige Ricardo Sheffield Padilla analizó estos alimentos e indicó que contienen; hidratos de carbono; cantidades variables de grasas y proteínas; un aporte energético que puede ir de las 29 a las 230 calorías por cada 100 g de producto y otros aditivos como el polémico glutamato monosódico (GMS).

“Estas sopas no te nutren y el sabor que aportan no es a base de vegetales, carne, pollo o camarón, sino de una serie de saborizantes artificiales que no son buenos para tu organismo. Las sopas elaboradas por ti son más nutritivas por los ingredientes que adiciones, como vegetales, cereales, crema o leche”, aseveró el organismo. ¿De qué están hechas? Las materias primas son harina de trigo y maíz, salsa de soya, sal, aceite refinado, vegetales deshidratados, glutamato monosódico, azúcar, especias, aceite vegetal y extracto de pimienta roja.

La Profeco explicó que el GMS, es muy común en los alimentos procesados. Se trata de un concentrado que se extrae de plantas como el betabel o la caña de azúcar, y cuya función en la industria es hacer que la lengua resulte más receptiva a los condimentos —de ahí que se le considere un potenciador del sabor, a pesar de que por sí solo tiene un sabor desagradable—.

Expuso que los detractores del GMS aseguran que existen investigaciones que prueban su relación con síntomas como: dolor de cabeza; sofocación; taquicardia; sensación de presión en la cara; adormecimiento de la boca; dificultad para respirar; sudoración; dolor de pecho y debilidad. “También afirman que otros estudios han demostrado que interviene en la parte del cerebro que regula la saciedad, provocando voracidad en el individuo, contribuyendo así a la obesidad, además de provocar cierta toxicidad a nivel neuronal y hepático”, indicó la dependencia federal.

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